De todo lo que mi padre trató de transmitirme, creo que solo logró hacerme entender que no importa lo que pase en la vida, cuando encuentras una buena canción o un buen libro, todo lo demás es secundario. Bueno, creo que a el no le gustaría leer el mensaje así, pero es como yo lo hice mio.
Y no lo va a leer, no entiende el español, aunque cuando vino a mi boda se entretenía hasta en el metro hablando con desconocidos a señas y en italiano.
Siempre voy a recordar su sonrisa cuando, el día en que aprobé en quinto de primaria, a los 10 años, me preguntó que me gustaría recibir, y yo le contesté que una guitarra (si, era un niño algo ñoño y raro). Quien sabe que creía que iba a pedir, pero seguro le salió mas caro así.
Y todas las veces que me hacía sentar en el sofá, para hacerme escuchar alguna canción de Fabrizio De Andrè o de Paolo Conte, o bien de Angelo Branduardi. Por toda respuesta, el primer casete que me compré fue de los Europe (para escuchar The Final Countdown: hoy leo la letra y muero de la risa), y luego brinqué directamente al heavy metal por su desesperación.
Hoy adoro a De André (pero los discos mas políticos, que a mi padre le gustan menos), y Paolo Conte es como un tío a quien voy a visitar cada rato por gusto, y para que me dé algun buen consejo.
Y si, este post no habla de nada si lo leen bien.
Solo es una forma de pensar en mi papá, que algo tiene a que ver con mi pasión musical. Y que cree que me vine a México como rebelión. Solo porque no logro explicarle como se me llena el corazón cada vez que voy en el centro de esta ciudad, y me pierdo entre la gente, los colores, los olores. Y los sonidos de los organitos entre los gritos de los vendedores.
08/02/07
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